miércoles, 25 de julio de 2012

Depresión en Adolescentes


    La adolescencia generalmente es recordada como una de las etapas más bonita de la vida; aunque este recuerdo en ocasiones esta afecto al olvido. Un adolecente atraviesa varias etapas de conflicto, el niño crece y se ve diferente al resto, no solo él lo nota también los demás, trata de encajar en la sociedad que le rodea, lucha por superar la incomodidad de su nuevo cuerpo, sus cambios físicos y psicológicos, la decepción que causan los padres, que ahora son seres humanos y no superhéroes, la etapa del colegio, las tareas, lecciones, se preocupan por las notas, son muchos factores que se convierten en preocupaciones para un adolecente durante su desarrollo.
     Muchos adolescentes atraviesan esta etapa sin dificultad, pero otros tantos (alrededor del 8%), encuentran demasiados problemas por sentirse diferentes, por el entorno en el que se desarrollaron, por la falta de apoyo y comprensión en su familia, por su situación social, por el rechazo al que son sometidos por la sociedad, etc. lo que afecta su emotividad pudiendo llegar a causar una depresión. De manera global, el origen de la depresión se debe a aspectos genéticos, neurobioquímicos o a un trauma vital temprano.
     Si bien es cierto que estar triste no es malo, esto se vuelve grave cuando esa tristeza es permanente y se pierde las intenciones de vivir, esta persona cambia ese estado de ánimo pasajero, por algo permanente. Podemos decir que nos encontramos frente a una depresión en la adolescencia cuando durante al menos dos semanas existen cambios intensos en el estado del ánimo, manifestado por ánimo depresivo y/o irritabilidad y/o pérdida del placer; asociado a un aumento o disminución significativa del apetito, peso, sueño y actividad; disminución de la concentración, energía, autoestima, motivación e interés por las actividades usuales; tendencia constante a la autodepreciación o excesivas culpas. Llegando en los casos más graves a cursar con pensamientos recurrentes de muerte o ideas suicidas.
    En caso de sospechar una depresión se hace necesario confirmar el diagnóstico por un profesional. En dicho proceso será necesario llevar a cabo una entrevista con la adolescente, su familia e idealmente con sus profesores (quienes pueden aportar otra visión de la adolescente). Además de evaluar la existencia de síntomas atípicos, ideación suicida, psicosis, hipomanía; para tener claro la totalidad del cuadro.
     Luego de la evaluación y confirmación del diagnóstico es necesario tomar las medidas correspondientes al caso y definir las estrategias a seguir. Siempre es necesario psicoeducar en relación al cuadro tanto al paciente, la familia y el colegio. Se debe incluir en el tratamiento la psicoterapia, siendo el enfoque cognitivo-conductual el que da mejores resultados para este trastorno. Adicionalmente y dependiendo de la gravedad del cuadro, será necesario incluir medicamentación, la que debe ser elegida considerando las características propias de cada adolescente, además de la comorbilidad que se presente. 
     Se hace sumamente necesaria la intervención y adecuado tratamiento para este cuadro, pues la depresión mayor persiste entre un 20% a un 40% en dos años y alrededor del 60% en cinco años.

domingo, 25 de marzo de 2012

Trastornos ansiosos en la etapa escolar


Cada año al comenzar el periodo académico  muchos niños manifiestan síntomas ansiosos de diversa índole, sin embargo es importante tener presente cuando estos síntomas se encuentran dentro de los parámetros normales y responden a una reacción ansiosa o cuando nuestros niños han dejado de responder de manera funcional manifestando una reacción más bien patológica que puede conformar un trastorno ansioso.

Es importante considerar que dependiendo de la edad madurativa del niño los distintos síntomas y signos se van a presentar de distinta manera. Sin embargo, y a modo general, se observan afectadas tres áreas: física, cognitiva y afectiva.
Siendo las manifestaciones más recurrentes: las alteraciones del sueño (mal dormir, pesadillas, inversión sueño-vigilia), sudoración, quejas somáticas (en general dolor de estómago), preocupaciones (pueden deberse a un tema por ejemplo a los padres o pueden ser en general), expectativas catastróficas (esperan que algo salga mal), fantasías, percepciones amenazantes (las cosas son amenazantes por sí misma), automonitoreo (se mira constantemente de manera negativa), labilidad emocional, tristeza, retraimiento (se aíslan, se quedan solos, callados), necesidad de contención y protección, irritabilidad (más común en niños mayores) y conductas de evitación (a la situación ansiógena).

Los padres deben estar alerta a estas manifestaciones, pues mientras antes logren detectar los cambios las consecuencias serán menores, más fáciles de revertir o no lograrán configurar un trastorno propiamente tal.

Si usted está preocupado por su hijo y cree que sus dificultades son debidas a la ansiedad, debe consultar a su pediatra, psicólogo u otro profesional de la salud cualificado para recibir una orientación adecuada. Los problemas de ansiedad en los niños se pueden tratar, y de esta manera prevenir dificultades futuras, como problemas con sus pares, rendimiento por bajo de su potencial social y escolar o sentimientos de ineficacia y baja autoestima. 

Los tratamientos pueden incluir: psicoterapia individual, destinada a adquirir estrategias de resolución de problemas, flexibilización de esquemas cognitivos y desarrollo de habilidades específicas; terapia familiar, para demoler los mantenedores de conducta, modificar el ambiente y aumentar la entrega de reforzadores; además del trabajo interconectado con el establecimiento educacional y en algunos casos medicamentos.